miércoles, 13 de noviembre de 2013


                                  FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA EN LA COLECCIÓN TELEFÓNICA

                                                                    ROCÍO JIMÉNEZ SOLANA

 

  Desde 2002 se crea en la Fundación Telefónica una comisión de asesores contemporáneos dirigida por María del Corral que selecciona de entre todas las galerías nacionales e internacionales un total de 101 obras desde los años 70 a los 2000. La presente muestra es la selección que hace Ramón Esparza de más de 50 fotos, como ya hiciera hace casi una década María del Corral, pues desde entonces apenas se han adquirido obras.

  Durante la década de los 70 algunos artistas empezaron a recurrir a la fotografía con la intención de revisar críticamente la naturaleza y el carácter convencional de la obra de arte y de aplicar una serie de nuevos discursos ideológicos a sus obras. La fotografía de las décadas venideras cuestiona el paradigma pictórico en que se basaba la hegemonía cultural del arte moderno y lleva a cabo una transgresión del género documental, es decir, una superación de la literalidad del registro.

   En las décadas de los 80 y 90 se consolida un discurso claro en torno al medio fotográfico. Un protagonismo que se traduce no sólo en la aparición de un nuevo género artístico, sino en la consolidación de un marco institucional estable basado en un circuito especializado de galerías, publicaciones e instituciones. Se trata tanto de redefiniciones de las ideas sobre el arte, como proyecciones hacia un escenario futuro que pueda definir el nuevo estatuto de la imagen, fundamentado en las transformaciones tecnológicas de la misma. Es un contexto virtual de condición híbrida: en un aspecto teórico, la fotografía se constituye como objeto teórico en tanto que sustenta una nueva variedad de problemas y, en la práctica cuestiona su materialidad como imagen, como condición de objeto físico. En una realidad “mediada”, la fotografía integra nuevos aspectos para recalcar la situación posmedia mediante el uso de medios técnicos de construcción de la imagen, dando paso a una nueva forma de documentar, a una nueva forma de mirar y de hacer fotografía como la escenificada o construida, basada en la idea del acto de la creación fotográfica como un proceso no en el que la fotografía se toma, sino que implica una situación previa a la realización de la imagen, en la que el fotógrafo piensa y diseña la escena, la situación o los personajes como muestra Bäckström en sus Set Constructions. La constatación de los mecanismos culturales implicados en la elaboración, circulación y recepción de las imágenes se traduce en la comprensión de la condición culturalmente construida de la veracidad fotográfica. Todo ello conduce a una renovada atención a la corriente del pictoralismo y a aspectos como la adopción de métodos de escenificación o teatralización como podemos ver en la Pietá de Abramovic y en Performance Still de Hatoum. También se generaliza, como queda patente en la muestra, el uso de grandes formatos y la noción tableau fotográfico para dar cuenta del principal problema al que se enfrentaban: encontrar un sistema legítimo para que la fotografía encontrase los espacios arquitectónicos y culturales reservados a la pintura.

   ­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­La mayoría de las obras expuestas proceden de tres grandes centros de desarrollo de la fotografía contemporánea en torno a las ciudades de Nueva York, Vancouver y Düsseldorf.

En Nueva York muchos artistas que comenzaban a elaborar sus discursos artísticos a partir de las tesis posmodernas se interesaron por la fotografía aplicando un amplio repertorio de nuevas opciones estéticas que iban desde el eclecticismo, la simulación, parodia, apropiación, y crítica de los modelos sociales y culturales imperantes. Se encargaron de denunciar los estereotipos de clase o género implantados en la sociedad contemporánea y difundidos por los medios de comunicación mediante el sistema de apropiación de las imágenes con el objetivo de descontextualizarlas y dotarlas de un significado nuevo y alternativo. Esta práctica artística alude tanto a las condiciones de un mundo saturado de imágenes y, en consecuencia, a cierta imposibilidad de crear, como al cuestionamiento de los conceptos de genio, autoría y autenticidad. Levine es un caso paradigmático de esta opción, quien comenzó a hacer copias literales de obras de pintores y escultores conocidos y refotografió obras clásicas como muestra con sus Interiores parisinos. Sobre la idea de apropiación trabajan también Baldessari con sus proyectos “antipictóricos” y de inspiración conceptual en los que continua la idea de apropiación de imágenes tomadas directamente de los medios, Vik Muniz, Prince con sus Cowboys & Girlfriends o la olvidada en esta exposición Kruger. Nada se muestra tampoco sobre Morimura, destacado representante del apropiacionismo al otro lado del Atlántico. La reflexión sobre los roles de género queda representada por dos obras de Sherman en las que recupera los modelos cinematográficos de representación de la mujer para ofrecer una lectura, a través de sus autorretratos, en torno a la condición femenina en el mundo contemporáneo. Su trabajo representa la tendencia actual a la autobiografía en la que el fotógrafo se convierte en protagonista de sus propias imágenes como táctica de transformación del sujeto en todos los sujetos imaginados para sus fotografías.

El grupo de artistas vinculados a la ciudad de Vancouver se acercaban, desde postulados conceptuales, a una fotografía de corte documental que no renunciaba a los debates sobre la representación ni a la deconstrucción de sus propios códigos, tal y como podemos ver en la obra de Allan Sekula y Overpass de Jeff Wall, en el que cobra especial relevancia la escenografía, el artificio y la tensión entre lo real y lo construido.

En Alemania el matrimonio Becher fotografía “esculturas anónimas”, arquitecturas industriales en la línea de Chemische Fabrik. La neutralidad y frialdad de tonos, la idea de espacio físico y la “conexión” con la naturaleza (como puede verse en la obra de Gursky) han marcado a toda una generación de artistas interesados como ellos en una reflexión sobre las nuevas formas de documentalismo y de objetividad contemporánea. Las fotografías de los museos de Höfer o el Pörtat de Ruff son un buen ejemplo de la nueva generación.

  En el extrarradio del triple eje encontramos obras que apuntan a uno de los territorios por los que transita la fotografía actual y sus reflexiones en torno al cuerpo como las obras de Taylor-Wood, Zhang Huan y Klauke. Pero quizá falten obras de Serrano y Schäfer, quienes discuten la posición que el hombre contemporáneo ha adoptado frente al fenómeno de la muerte, otro de los grandes temas de la fotografía contemporánea.

  Desgraciadamente la representación española se reduce a un quinteto de artistas esparcidos por los diferentes espacios de la sala que no parecen seguir ninguna línea concreta.

  El título de la exposición cuenta una verdad a medias y debemos leer la letra pequeña:  es una exposición de fotografía contemporánea no renovada y articulada en torno a tres ciudades a la que se añaden de forma dispersa obras conceptualmente afines.

El arte trata de la vida; el mercado del arte, del dinero.



             
Fotografía contemporánea en la Colección Telefónica.
 Del 24 de Octubre de 2013 al 2 de marzo de 2014.

La segunda revisión y nueva articulación discursiva que se ha llevado a cabo en la colección de la Fundación Telefónica, desde que esta iniciara su proceso de compra en 2003, pone en escena a grandes artistas del medio fotográfico de la talla de Richard Prince, Jeff Wall, Andreas Gursky y la pareja de fotógrafos alemanes Brend y Hilla Becher. Aparece pues como una excelente oportunidad que se brinda al espectador para poder contemplar de primera mano algunas piezas de la “gran fotografía”, por su formato y relevancia, del período que comprende desde finales de los años 70 hasta los primeros años 2000 y que, difícilmente, se exponen en contextos de museos y galerías del panorama nacional.
            Ramón Esparza, comisario de la actual muestra, es el encargado de establecer el discurso narrativo de la exposición. Su decisión ha sido clara aunque quizá no tanto acertada: Esparza plantea un doble recorrido a partir de vías que corren en paralelo, tanto física como históricamente en la fotografía contemporánea internacional, con un total de 38 artistas y más de 50 obras. El espectador, al penetrar en la sala expositiva, es invitado a escoger uno de los caminos propuestos para iniciar su contemplación. La decisión no es fácil. Por un lado, nos encontramos con la fotografía Overpass inserta en la clásica caja de luz que utiliza repetidamente Jeff Wall en sus creaciones, con ella, se introduce en el complejo y heterogéneo panorama de la posmodernidad americana y sus múltiples bifurcaciones. Por otro lado, la obra Hong Kong Port de Andreas Gursky representa un camino que se adentra a grandes rasgos en la pervivencia de la Nueva Objetividad alemana y, más concretamente, en el trabajo de experimentación fotográfica en el seno de la Escuela de Düsseldorf y la proyección posterior que tuvieron sus componentes. De este modo, nos encontramos entre dos continentes: America (del norte) y Europa (central) como claros protagonistas de una revisión concerniente a la fotografía contemporánea. Algo chirría. La falta de concreción en el propio título de la exposición puede convertirla en una muestra engañosa para el espectador, ya que prácticamente no se da cabida a fotógrafos de gran importancia que se sitúan fuera del vórtice hegemónico europeocentrista y norteamericano de la historia del arte más tradicional. A modo de ejemplo, podemos citar la ausencia de algunos fotógrafos árabes como Mohammed Kazem o la asiática Honda Kana y, dentro del panorama español, la inesperada falta de Joan Fontcuberta. Tampoco aparecen en la muestra, ni en la totalidad de la colección, otras relevantes tendencias de la fotografía que se dieron en la misma horquilla cronológica (finales de los años 70 – principios del siglo XXI) como es el caso del neopictoralismo fotográfico y su máximo representante, Paolo Gioli. En realidad, para ahondar en la problemática de la colección de la Fundación Telefónica tenemos que remitirnos a los primeros años del siglo XXI.
            Si retrocedemos diez años en la máquina del tiempo, nos situamos en el inicio de la gestación de la colección fotográfica de la Fundación, formada, como ya se ha dicho, por grandes nombres. Desde 2003 y a lo largo de dieciocho meses, un tiempo verdaderamente vertiginoso para conformar una colección de fotografía contamporánea, una Comisión Asesora de Arte dirigida por María de Corral y constituída por Simón Marchán, José Luis Brea, Eugenio Carmona e Irma Arestizábal, fue la encragada de seleccionar un total de 101 obras para incorporar en los fondos de la Fundación y construir un discurso narrativo lógico a través de las piezas adquiridas. Pero, ¿cuáles fueron los criterios que guiaron la selección de obras? La entonces reciente privatización de Telefónica (que tuvo lugar entre 1995 y 1999) convertía la compañía nacional en empresa de telecomunicaciones de alcance multinacional y, con ello, su introducción en el mercado liberalizado. El rápido crecimiento económico que experimentó Telefónica hizo que se convirtiera en un perfecto inversor en el mercado del arte y, efectivamente, así lo hizo. Tras escoger la misma empresa los componentes de dicha Comisión, Telefónica se lanzó a la apresurada búsqueda de los artistas-fotógrafos más cotizados del momento, la presencia de Andreas Gursky y Cindy Sherman entre sus fondos nos viene a confirmar su confianza en el arte como inversión económica con valor de cambio. Sin embargo, ello no quita el valor artístico que claramente demuestran las piezas seleccionadas, pero sí explica la razón por la que algunos nombres estan y otros, inexplicablemente según valores estrictamente artísticos, no.
El período escogido para vertebrar la colección no es casual. A partir de los años 70 la fotografía deja de ser, exclusivamente, un instrumento al servicio de los medios de comunicación y el documentalismo para introducirse en el mismo lugar que ocupaban las clásicas bellas artes, entrando, de este modo, en la dinámica de la exposición y el mercado. Esto se debe a las inquietudes de muchos artistas de utilizar el soporte fotográfico en sus creaciones y trasladarlo al gran formato para ser mostrado en las paredes de los museos junto a la gran pintura. Siguiendo esta idea, nos encontramos con la presencia de unas obras que quieren pertenecer a una corriente muy concreta de la práctica fotográfica, aquella cuya motivación principal es la “creación artística”, tal y como nos advierte el propio Ramón Esparza en el texto de sala de la exposición. La distribución de las fotografías en dos vías y un espacio intermedio es, sin embargo, un tanto confusa. La corriente propuesta bajo el concepto de posmodernidad parece planteada como si el mismo concepto fuera cerrado en sí mismo, cuando en realidad, es la heterogeneidad y diversidad por excelencia. La posmodernidad no debe enetenderse como estilo o corriente artística, sino más bien como modus operandi basado en la deconstrucción del conocimiento y el saber moderno. El pensamiento y las prácticas posmodernas son, por definición, pluralistas y relativistas, más cercanas al fragmento que al todo. Por ello, las hibridaciones y mezcolanzas en las práctias posmodernas son frecuentes y, en este sentido, muchas de las obras emplazadas en aquel océano intermedio de evolución y mezcla, que se ha situado en el centro de la sala, podrían desplazarse y entrar a formar parte del compendio de prácticas posmodernas, como por ejemplo la fotografía Soliloquy I de Sam Taylor-Wood.
Si bien seleccionar implica tomar partido y descartar, no necesariamente debería implicar arbitrariedad. El espacio central de la sala, donde cabe el todo y la nada al mismo tiempo, aparece como un cajón "desastre" donde la relación espacial que comparten algunas fotografías es insostenibles y la separación de otras incomprensible. Por todo ello, la colección de fotografía de la Fundación Telefónica es una colección de mercado con poco carácter, donde la calidad de las obras adquiridas responde a una excelente inversión con fines lucrativos.
Marta Barceló.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Around. Arantxa Romero

La exposición Around exhibe en un antiguo depósito de agua la obra reciente de Dionisio González (Gijón, 1965), con piezas que vienen de muestras anteriores como la del Festival Off de PhotoEspaña o el Casino de la Exposición de Sevilla. Comisariada por Sema D’acosta, hasta el momento es la mayor exposición organizada sobre el artista asturiano.

Dividida en cuatro niveles, Around se compone de ocho series de fotografías arquitectónicas (cerradas algunas con vídeo simulaciones), una videoinstalación y un pequeño documental que hacen patente la reflexión central sobre la que pivota la obra de Dionisio González: la relación entre el hombre contemporáneo y sus formas de habitar.

Como si fueran una prolongación en ascendente de la espiral del Museo de crecimiento ilimitado de Le Corbusier (maqueta con videoinstalación colocada nada más entrar, 2013), las ocho series mostradas en Around se suceden en un silencioso giro para terminar en Thinking Hanoi (2009), un corto documental sobre la ciudad y su fluir líquido de motocicletas.  

Así pues, las obras mostradas aquí (2001-2013) son en su mayoría fotografías intervenidas digitalmente donde se reconstruye o reforma un paisaje arquitectónico con nuevas creaciones que transitan entre la adaptación al medio y su tradición y la más metafísica contemporaneidad.

Dentro del conjunto son destacables obras como Las horas claras (2011), serie compuesta por seis cajas de luz que muestran proyectos arquitectónicos contemporáneos no llevados a cabo en la extemporal Venecia. González plantea aquí una interesante reflexión sobre cómo el régimen escópico también se impone sobre el paisaje, así como explicita el conflicto entre las dos naturalezas de la ciudad italiana, una mítica y por ello necesariamente intemporal y otra común, anónima y cambiante.

Otras de sus intervenciones más conocidas son las de las favelas, incluidas aquí en Cartografía para a remoção (2004-2007). Desde 2004 el artista asturiano se interesa por la arquitectura no planeada de los suburbios de Río de Janeiro y São Paulo y comienza a crear unas intervenciones que, desde una mirada asertiva, aprovechan los recursos del entorno para responder a las demandas de los habitantes. Esta serie ejemplifica cómo Dionisio González evoluciona desde unas reformulaciones arquitectónicas centradas en lo funcional hasta construcciones más metafísicas muy influenciadas por Le Corbusier.

Observando tanto las favelas como los otros paisajes que el artista plantea tenemos la sensación de estar ante una suerte de parajes postapocalípticos, vistos sin embargo desde un ojo aséptico, demasiado aséptico incluso. Las ruinas contemporáneas de nuestro habitar pueblan las fotografías de González, evidenciando el ya terminal horror vacui que caracteriza al ser humano actual. La fría estética de la mayoría de las piezas nos invita a creer que observamos una civilización ajena, donde los habitantes son demasiados y se debaten entre la pobreza y el lujo estrambótico. Porque hemos de pensar si las intervenciones de Dionisio González son realmente asequibles para las personas de esas zonas donde él interviene, bahía de Halong, Sanbok Doro o La Habana. Es decir, si él realmente se posiciona aquí como arquitecto real o (sólo) como fotógrafo creador de fantasías arquitectónicas.

Dejando a un lado si sus arquitecturas son habitables, lo que Dionisio González sí plantea es una visión que podría llamarse seminal del mundo contemporáneo: el habitar del hombre actual en la demolición, las ruinas de la historia y el pensamiento, y sin embargo, consumiendo nuevas ruinas.

En definitiva, Around presenta aquí la arquitectura mirada de Dionisio González, planteada desde una fría poética de la extinción. Cuando uno sale de ese viejo depósito de agua, todavía con el pensamiento en espiral de Le Corbusier, tiene la sensación de haber viajado a muchos lugares lejanos y distintos, que sin embargo nos muestran una misma reflexión, el hombre contemporáneo y su modo de habitar el vacío.

Around. Dionisio González. Sala Canal Isabel II. Madrid. 12 de septiembre al 10 de noviembre de 2013.

miércoles, 6 de noviembre de 2013


                      AROUND. DIONISIO GONZÁLEZ.  Sala Canal de Isabel II
                                                   Rocío Jiménez Solana

  Dionisio González es Doctor en Bellas Artes y profesor universitario recientemente galardonado con el premio europeo de fotografía Arendt Award.

  La exposición es una ampliación de las recientes Around en Sevilla, comisariada por el crítico de arte Sema D’Acosta -también comisario de ésta- y la madrileña Le Corbusier: The Last Project, muestra que formó parte del festival Off PHoto España. La presente muestra está compuesta por más de una treintena de fotografías comprendidas en 8 series, 3 videos y una video-instalación sobre maqueta inspirada en el Museo de Crecimiento Ilimitado de Le Corbusier, realizada expresamente para este espacio. Las obras fotográficas, que articulan arquitectura, diseño y política, son generadas a partir de imágenes tomadas in situ por el artista e intervenidas posteriormente con técnicas digitales. En ellas investiga sobre diferentes temas arquitectónicos como proyectos de residencia y alojamiento, estudiando su viabilidad, sostenibilidad y aprovechamiento de los recursos naturales, en un intento por comprender el medio y fusionarse con él. Se reinventan situaciones y paisajes en una hibridación entre lo precario y la arquitectura bunkerizada. Son proyectos conceptuales, de denuncia y alternativa.

 Las obras se exponen entre cuatro niveles situados en una torre de 36 metros de altura, antiguo depósito de almacenamiento y distribución de agua del castizo barrio de Chamberí. En la planta baja nos aguarda la video-instalación, acompañada por 6 cajas de luz de su serie Venecia, obras inspiradas en proyectos arquitectónicos diseñados para la exposición Real Venice (54ª Bienal de Venecia) que nunca se llevaron a cabo. La serie Inter-Acciones, situada en la primera planta, muestra el trabajo de los últimos doce años del asturiano. Son fotograbados en blanco y negro en los que se produce un extraño encuentro entre la naturaleza e inacabadas arquitecturas. Así, en el fotograbado 11 podemos ver cómo las raíces de un árbol son los propios cimientos de la casa, una relación que, en ocasiones, se desarrolla en un entorno desértico (fotograbado 17). En la serie Favelas plantea interrogantes sobre alternativas posibles, soluciones habitacionales en consonancia con los rasgos identitarios con la gente que las habita.  Este regulador social, como se hace llamar a sí mismo, hace una defensa de estos asentamientos proponiendo no su erradicación sino su saneamiento, es decir, una intervención o alteración a partir de la “cartografía” ya existente. El proyecto consistía en instalar módulos que suplieran los abandonados planes de la Municipalidad de Sao Paolo (Proyecto Singapura) y dotar de voz a los asentamientos irregulares. En el nivel superior encontramos las series Halong y la inédita Busan. En la primera podemos ver diferentes formas anfibias en un entorno paradisíaco, estructuras respetuosas con el ecosistema natural, gravemente amenazado por la globalización. La otra serie se compone de proyectos diseñados  por encargo del gobierno coreano para la ciudad de Seúl -muestra del reconocimiento y la demanda internacional, especialmente en Asia a partir de 2008- que no se han podido desarrollar por la actual crisis económica, como Busan Project IV, una biblioteca municipal que fusiona formas tradicionales y futuro.  La planta siguiente Le Corbusier. En algún lugar, ninguna parte, está dedicada a la recreación de edificios y proyectos no desarrollados del arquitecto suizo.
  La armoniosa exposición culmina en la parte superior de la torre en la que descansa el “vaso” de agua madrileño. Nos recibe una pantalla de más de 4 metros en la que se proyecta el video Thinking Hanoi. El artista reflexiona sobre las condiciones de habitabilidad de la ciudad y denuncia la desaparición de la mitad de sus lagos. Una  metáfora de la que se vale para señalar que nuestros pensamientos, ideas y conocimientos habitan a diario en una ciudad de lagos, como es Hanoi.
¿Hemos perdido también nosotros la mitad de nuestros lagos por prácticas abusivas con el medio?


 
 
  

Aquí, allí, re(de)construyendo la utopía


Around. Dionisio González
Del 12 de septiembre al 10 de noviembre
Sala Canal de Isabel II. C/Santa Engracia, 125. Madrid

Al igual que los pasos inquietos y experimentales de Le Corbusier, la exposición Around de Dionisio González transita en la utopía. Ficticias propuestas de arquitecturas hiperbólicas e impensables se manifiestan como una singular reflexión fotográfica sobre los modos de habitar la ciudad contemporánea y las relaciones del hombre con el territorio globalizado. En países como Brasil, Vietnam, Corea del Sur o Italia, organismos vivos cambiantes y sensibles se ensamblan al entorno como una mala hierba. Y estos son re(de)construidos por su mirada artística, crítica y positiva al mismo tiempo. Exquisita por el devenir de ideas libres, imaginadas, construidas a través del retoque digital. Confusa porque choca frontalmente con los límites de lo real, lo físico y lo tangible.

Los cuatro niveles de la Sala de exposiciones Canal Isabel II presentan en su estreno de temporada una treintena de fotografías, tres vídeos, una video-instalación y seis cajas de luz que, testigos inherentes al espacio singular y absorbente que las acoge, son articuladas por el comisario Sema D'Acosta en sentido ascendente, circular y rizomático. Y ese es su acierto. Pues como discurso anterior ya mostrado hace unos meses en el Casino de la Exposición de Sevilla, las siete series realizadas por González desde 2001 hasta la fecha funcionan en fluida sintonía con el marcado carácter industrial del antiguo depósito de aguas. De estética atractiva, luminosa y colorista, las imágenes creadas por fotomontaje nos seducen y atrapan cuestionando la viabilidad de un proyecto urbano alternativo que, más allá del discurso extravagante, invita al espectador a la ambigüedad de la duda. Un conflicto entre mito y realidad como experiencia sensorial e intuitiva que transita en la huella del tiempo y la memoria.

En la primera planta enseguida descubrimos que la serie Venecia. Las horas claras (2011) no son simples y bonitas fotografías retocadas. La reconstrucción ideal de proyectos arquitectónicos vanguardistas no materializados enfrentan el aspecto actual de la ciudad de Venecia. Como sitio histórico emblemático que perdura en el imaginario colectivo pone en duda la misma noción de patrimonio histórico, artístico y etnográfico. ¿Pues hasta qué punto es necesario preservar la idea de un parque temático para el turismo de moda que hace imposible la propia habitabilidad del residente al uso? Precariedad versus bienestar.

Pero al margen de esta dualidad, la idea de amenaza de un ecosistema natural es marcado por el crecimiento inusitado de un sistema orgánico vernáculo. Debate consensuado por los proyectos irrealizables de Le Corbusier, el sueño de una utopía, cínica e irónica repiensa y decostruye la rehabilitación arquitectónica al uso del ritmo cambiante y permutable de las personas. ¿Es viable entonces la construcción de arquitecturas respetuosas con el medio y la aglomeración de la sociedad? Para nuestra sorpresa parece ser que sí. En Halong (2007-11), Situ-acciones (2002), Favelas (2004-07) y Busan (2011), González utiliza la fotografía y el proceso de edición digital como herramienta que reconstruye a modo de tetris la imagen de una nueva ciudad global. La representación de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al mundo existente. Y en nuestra percepción óptica los grandes espacios del ocio no funcionan. Pero sí las pequeñas estructuras biológicas y modulares pensadas a escala social en términos de confort y accesibilidad para la comunidad.

Entre una visión fatalista, banal o regeneradora, la reflexión final de la exposición evidencia a través de Thinking Hanoi (2008) como la propia idea de habitar en la ciudad no funciona. Aquí, allí, en cualquier lugar o en ninguna parte, la cotidianidad se enfrenta a la memoria de un proceso temporal y espacial de desplazamiento. Al igual que el eje expositivo. Ordenado en función de un núcleo central de comunicación, Dionisio González construye la imagen, Sema D'Acosta propone el discurso y nosotros secundamos el debate.

Por Noelia Centeno


AROUND. DIONISIO GONZÁLEZ

Sala Canal de Isabel II.

Del 12 de septiembre al 10 de noviembre

 

Escasos metros separan la bulliciosa calle de Santa Engracia del antiguo depósito de agua del canal de Isabel II, uno de esos secretos ocultos de Madrid. Este edificio de principios del siglo XX, condiciona la manera de exhibir las exposiciones que acoge: en este caso una de fotografía y vídeo de Dionisio González (1965 - ), dividida en cuatro alturas. En su interior, el edificio se puede recorrer a través de una gran escalera central metálica, junto a la que aún se conservan detalles de la antigua estructura original como grúas o ganchos; ambiente propicio para la temática de la exposición: distintas aproximaciones del artista a la problemática urbanística en diferentes lugares del mundo desde 2001 hasta la actualidad.

Sema D´Acosta, comisario de la muestra, en diálogo con el artista y con la galería Ivorypress, principales prestadores de las obras, presenta una exposición que invita a la reflexión: ¿Es lícito intervenir en el casco histórico de una ciudad con una arquitectura rupturista con el entorno?, ¿No deberían establecerse diálogos sin más demora en una ciudad dominada por la -para algunos poética-, ruina de su pasado esplendoroso?, ¿No deberíamos acercarnos sin cinismos a las favelas del tercer mundo e intentar contribuir a su mejora, no desde la demolición sino desde el respeto a sus moradores-constructores?, ¿Debería el estado dejar que la codicia del turismo arrasase los últimos ecosistemas vírgenes del planeta?...

Venecia Vs La Habana, dos caras de la misma moneda. Venecia. Las horas claras y SITU-ACCIONES, dos propuestas del artista ante la necesidad de modernizar dos ciudades muy diferentes entre sí pero con un mismo problema: la convivencia con su pasado histórico. La primera dominada por el miedo a romper el “hechizo” de la ciudad de los canales, rechazando la culminación de cualquier proyecto arquitectónico; la segunda, ahogada por la falta de recursos. El intento de hacer perdurar en el imaginario colectivo los cascos históricos como si el tiempo se hubiera detenido, amenaza en convertir a Venecia (si no lo es ya) en un Disneylandia turístico. La Habana refleja en cada edificio un pasado glorioso que agoniza a modo de telón, dejando entrever su verdadera realidad: el apiñamiento de sus habitantes en viviendas comunales.

São Paulo y Río de Janeiro Vs Halong, dos contextos antagónicos sobre una misma realidad: las favelas en torno a las grandes urbes de Brasil y la armonía con el entorno en peligro de extinción de las diminutas cabañas flotantes de la bahía vietnamita. Las favelas, con una identidad propia que tipifica el terreno (espacios laberínticos e improvisados en los que los espacios públicos y privados se fusionan), contrastan con la planificación urbana ordenada y tradicional de la ciudad. González responde al proyecto Cingapura, promovido por la UNESCO, persiguiendo la defensa de estos asentamientos a los que considera parte de la memoria histórica reciente, a través de una intervención vertical a partir de la cartografía ya existente: una contra utopía.

Especial atención merece la serie de fotografías más reciente, Le Corbusier, en algún lugar, ninguna parte (2013), dedicada a los proyectos no construidos del célebre arquitecto. Desde el proyecto de la embajada francesa para Brasilia a la Villa Harris en Vevey (Suiza), González recrea algunos de estos ejemplos fusionados con el entorno. Formalmente funcionan mejor las copias en blanco y negro o sepia frente al color que, igual intencionadamente, resultan demasiado siluetadas, contribuyendo a una mayor artificialidad.

Para terminar, se expone la proyección Thinking Hanoi, en la que el artista reflexiona sobre la habitabilidad en la segunda ciudad más grande de Vietnam. El espectacular cambio sufrido en un par de décadas ha convertido a esta apacible ciudad rodeada de lagos, en un lugar estresante dominado por el ruido, la aglomeración de gente y el caótico tráfico de motocicletas.

El espectador está listo para dejar el mundo utópico y regresar al mundo real.
María Alberola